A
continuación se reproduce el texto íntegro de la noticia
de A. Valdés, publicada en su día en la página
"web" del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos
Técnicos de Valencia ( www.coaatv.es
). Las fotografías han sido extraidas del periódico
"Alboraia. El periodic", editado en junio de 1999.
La barraca de Alboraya
La
historia de esta barraca comienza durante un almuerzo de los agricultores
de la Cooperativa Agrícola de San Cristóbal, de Alboraya.
Juntos planean construir una barraca para el pueblo, de forma tradicional,
conscientes de que, con el paso del tiempo, las barracas valencianas
van desapareciendo y el sistema de construcción tradicional
queda como un recuerdo para sus mayores.
Plantean
su proyecto al Ayuntamiento, que les brinda su apoyo y promueve la
idea. El consistorio les cede el terreno, en el principio del Paseo
de Aragón, y los materiales necesarios. El Arquitecto y el
Aparejador del Ayuntamiento supervisan la obra, "que no ha tenido
grandes problemas, salvo los típicos de replanteos, pendientes,
sujeciones, o conseguir ciertos materiales, como la madera para las
cubiertas, traviesas de vías de tren que nos proporcionó
Renfe desde Madrid", declara Jose Vicente Ruiz Soto, Arquitecto
Técnico del Ayuntamiento de Alboraya.
Construir en el tiempo libre
En enero de 1999, el grupo de agricultores, aprovechando
su tiempo libre y los fines de semana, comienza la construcción
de la barraca. Son 16 personas y han tenido que informarse y consultar
a sus mayores para conocer el proceso constructivo.

Preparan
un lecho de piedra con "tapat de matxaca i terra d´escurar".
Sobre esta base se replantea la distribución. Con materiales
naturales se construirá toda la barraca: adobe (de barro y
paja), arena, madera, caña y enea. Fabrican con madera sus
propios encofrados para la realización de los adobnes (10 x
20 x 40 cm.) con los que, a soga y tizón, construirán
los muros. Con barro y paja realizan un zuncho perimetral que servirá
de cimentación a la barraca.
Un peculiar control de calidad
Conforme
se iban secando los ladrillos, el grupo constructor realizaba un peculiar
sistema de control de calidad. Sobre el mango de una azada clavada
en el suelo, se ponía un ladrillo, y encima de él, se
subía uno de los agricultores, apoyándose sobre los
extremos de la pieza. Si el ladrillo no se partía, había
superado la prueba de resistencia y pasaba a engrosar el grupo de
los válidos. Esta prueba fue observada con gran curiosidad
por el director-gerente del laboratorio de control de calidad Horaing,
de Alboraya, que se ofreció desinteresadamente a realizar los
ensayos de control de calidad para los ladrillos y bloques de adobe.
Más de 3.000 ladrillos hechos a mano

Mientras
se secaban y seguían fabricándose los más de
3.000 ladrillos que fueron necesarios para la construcción,
los agricultores comenzaron a recoger la caña, necesaria tanto
para la cubierta de la barraca, como para el forjado de la andana.
Como marca la tradición oral, la caña se cortó
durante la luna nueva de enero, para evitar así su apolillamiento.

Y
llegó el momento de levantar los muros. Para unir los ladrillos
prepararon una mezcla hecha con tierra y cal. La tierra, del barranc
de Carraixet, se cribaba a mano con una zaranda para separar las piedras
más grandes y obtener una arena fina.
Por cada capazo de cal, veinte de tierra, y con ello, la fábrica
comienza a formarse y los muros delimitan ya la parte inferior de
la barraca.

Con
los muros ya rematados por un zuncho superior, también de barro
y paja, comienza la colocación de las vigas de madera, extraidas
de antiguas construcciones. Con todo el proceso siempre supervisado
por el Aparejador del Ayuntamiento, empiezan a enfoscarse muros y
tabiques interiores. El enfoscado se realiza a mano, también
con la mezcla de barro y paja, y se alisa con una paleta de madera.
Enea del barranc de Carraixet
Ya entrada la primavera, los agricultores recogen en el barranc
de Carraixet grandes manojos de enea, de más de un metro de
longitud, que se utilizarán para la cubierta.

Con
cuchillos y travesaños ya colocados, la cubierta quedaba lista
para cubrirla de caña mientras la enea seguía su proceso
de secado. No hubo problema en la colocación del cañizo,
con medias cañas tejidas que formaban una gran superficie que
caía a ambos lados de la cubierta. Tampoco lo hubo al fijar
las grandes cañas verticales y horizontales que, sobre el cañizo,
servirían de soporte a la enea. Sin embargo, la colocación
de la enea fue el gran problema de toda la construcción.

Nadie
se ponía de acuerdo en forma y modo, tejer la enea no era tan
sencillo como parecía en un primer momento. Tras diferentes
pruebas, hubo que recurrir a un experto en el tema. Vicente Torrent,
de El Palmar, explicó claramente cómo había que
tejer y anudar la enea a las cañas, de forma uniforme y tupida.
De esta forma, la barraca quedaría protegida de la lluvia,
la humedad y los cambios climáticos.
Una barraca tradicional

En
Junio de 1999, la construcción de la barraca culmina definitivamente.
Cuenta con todos sus elementos tradicionales: la andana, el paellero,
el pozo, la palmera y hasta los árboles, que fueron plantándose
a la par que el proceso de construcción avanzaba: el níspero,
la higuera, el olivo...
La Cooperativa Agrícola de San Cristóbal no puede estar
más satisfecha por el trabajo realizado; el Aparejador confiesa
"haber disfrutado muchísimo"; y el Ayuntamiento ha
ubicado en ella un museo en el que se muestra el interior de una típica
barraca de Alboraya: con sus útiles de labranza, el carro en
el cobertizo, el almacen de la chufa, etc.
La barraca cuenta también con su propio libro:
"Recuperem el passat construint una barraca valenciana",
de Jose Vicente Ruiz Rubio, del que se ha extraido gran parte de la
información para este reportaje.
Ver fotos (J.M.Martí)
de la antigua Barraca.
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