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Colaboraciones
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Camino
de Santiago: Mi experiencia personal
José Luis Badenas
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Cuando
a finales de Junio vino a cenar a casa nuestro buen amigo, el sacerdote
Pepe Calza, jamas pensé que se estaba produciendo uno de esos
encuentros que dejan huella en tu vida: nos invitó a hacer
el "Camino de Santiago". Ana, mi mujer, no podía hacerlo por razones de salud y familiares; por lo que tuve muchas dudas de poder ir yo también, ya que siempre hemos ido juntos a todas partes y era la primera vez que nos separábamos tantos días. Además, yo realmente no tenía ningún objetivo concreto, más que acompañar al amigo que te invita a ir con él; pero después de superar ciertas incertidumbres me encontré arriba del autobús en dirección a León. Nada más llegar a O Cebreiro aparecieron los
primeros motivos de "mi camino particular" : formo parte
de un grupo al que debo servir. De pronto empecé a entender
que es eso de ser peregrino. Y... todavía no habíamos
empezado a andar. El domingo 14, partimos hacía Triacastela con un frío, una niebla y un optimismo impresionante. Se nos hicieron cortos los 22 Km. de marcha. Fuimos juntos, charlamos, empezamos a conocernos...Aunque no todos pudimos hacer la marcha, pues Vicenta se puso enferma y se quedó con ella para asistirla, Jesús, nuestro buen amigo el médico. En Triacastela nos recibieron con los brazos abiertos en el "Hotel parroquial" (la Iglesia incrustada en el cementerio de la localidad). Fue un día estupendo en todos los sentidos. Allí hicimos la primera sesión de puesta en común. Preciosa, participativa y francamente profunda para un grupo que acababa de conocerse. Todos empezamos a sentirnos personas que formamos parte de un colectivo que camina unido . A mí, en particular, me sirvió para plantearme un nuevo objetivo: asumir el esfuerzo de Andrés Escolano y su intención, pues el se había lesionado y no podía seguir andando. La noche en la Iglesia fue estupenda a pesar de los ronquidos, los "txi, txi, txi" de Andrés para acallarlos, de los sustos del "colgao" que deambulaba por toda la iglesia y que asustó a más de uno, pensando que se había levantado alguno de los de afuera. El lunes tocan diana a las 5:30 h. Y cuando estoy arreglado tan solo quedaban por salir Pepe Calza, Jesús, Amparo y Elisa. Los demás habían desaparecido por la calle principal que conducía a la primera flecha. Salimos los rezagados en dirección a Sarria, por Samos. Hacemos una ruta que no es la más frecuentada y empiezan a surgir los primeros problemas. Jesús y Pepe suben al autobús en Samos, pues el camino se había hecho muy duro y la falta de costumbre y los 12 Km. que quedaban ,todavía lo endurecían más. A partir de Samos, fui casi todo el camino que restaba solo. Llegué a plantearme el abandono, pues estaba realmente agotado.
En Sarria estuvimos muy bien instalados en el pabellón deportivo (ya hasta el final dormimos siempre en los polideportivos de cada localidad). Celebramos la eucaristía en el parque, jugamos a las cartas (¡como nos reímos con Jesús!, pues no entendía como se podían decir tantas mentiras en un juego y claro...), cantamos, nos curamos. Intentamos descansar. La dureza de esta etapa marcó el resto de mi
Camino y modificó , en gran medida, mis planteamientos iniciales
: ese esfuerzo que estaba haciendo tenía que tener un sentido. Pensaba en ¿cómo estará mi hijo Pau? y lloraba de tan solo pensar que mi esfuerzo (convertido en oración) le sirviera para algo, ¿y José?, ¿y Jesús (mi hijo pequeño)? y a llorar otra vez. Deseaba que fueran las 21:30 h. para hablar con Ana,
mi querida Ana, y... al colgar a "mocarme" otra vez".
No te digo la que cogí un día que hablé con mis
hijos, con Ana y con Viky, la novia de Pau; o la alegría que
sentí cuando me comunicaron que,. José Enrique , había
sido admitido en la universidad , por fin, para realizar los estudios
que el quiere realmente. Ya no había dolor de piernas, ni dedos
entumecidos, ni nada de nada. Solo emoción reencontrada, sensibilidad
a flor de piel (¡que bien!), necesidad de dar gracias a Dios,
pues, seguro que andaba por allí. Como leí ese día
: peregrinar es caminar en silencio, pues el silencio es la voz de
Dios. Y Dios me estaba diciendo cuantos seres queridos tienes, que necesitan que los sigas queriendo, que no te canses de quererlos. Y el Camino me enseñaba que el cansancio es bueno, que hay que seguir hasta llegar a la próxima población .Que solo hay que darle sentido, que querer cansa, pero ¡Qué cansancio tan precioso!
Etapa preciosa. Hecha toda ella con Jesús, el médico. Hablamos de todo, reímos hasta hartarnos , curamos a unos cuantos peregrinos por el camino; pero también conocimos a dos buenos amigos vascos, Mikel y Txomin. Desde este día nos encontramos en numerosas ocasiones, andábamos juntos unos kilómetros , que siempre eran muy gratificantes. La etapa hasta Palas de Rei transcurrió en un clima festivo, pues el paisaje era precioso, la compañía muy agradable (aquí Paco y Andrés conocieron a "las americanas"), las piernas iban ya menos entumecidas, las aldeas que surgían presentaban un aspecto más agradable a mis ojos. Así Gonzar y Lameiros , entre otras fueron siendo pisadas por nuestros pies . La eucaristía de la tarde y la puesta en común de este día fueron momentos inolvidables. Los discípulos de Emaús. El camino , a medida que se recorre, se va haciendo más nuevo cuanto más se anda. A medida que vamos descubriendo que el fin del camino es nuestro propio fin, vamos gustándolo más y más, hasta descubrir que nuestra misión en el mundo no es llegar, ni tener más y más, sino darnos , aumentar la vida de los que desfallecen, de los cansados (enfermos, ancianos, olvidados del mundo...) hasta que, un día no muy lejano, seamos nosotros los desfallecidos. La etapa a Arzúa nos hará recorrer tramos maravillosos, como el comprendido entre Leboreiro y Melide. La aldea de Furelos con su puente medieval. También tendremos la oportunidad de ver cruceiros de una gran belleza y antigüedad . Esta etapa se me hace dura, pues , además de ser la más larga, la hacemos con continuas paradas para curar a gente ( Txomin y Mikel, entre otros), Jesús está tocado (tiene ocho ampollas en los pies) y yo quiero ir a su ritmo, por lo que al llegar a Ribadiso (punto final acordado) nuestros pies, piernas y cuerpo entero no daban más de sí. Llegamos a Ribadiso sobre las 13:30 h. con mucho calor. Allí nos encontramos a Alfonso y Julia, la cual tenía las piernas totalmente hinchadas y sin poder dar un paso más, por lo que tuvimos que llamar a Vicente para que viniera a buscarla a dicha población. Se tenía que rebajar aquella tensión y se hizo. Por medio de la oración y de la comunicación interpersonal. Cada vez tenía más sentido mi presencia en el Camino, aunque ahora estaba a prueba mi solidez, mi deseo de humildad, de servicio a los demás. Ya solo quedaban dos etapas. La de Arca (O Pino) que la hice casi toda ella con Amparo y Elisa (¡qué manera de "charrar"!), pero fue de verdad estupenda; y la última : Santiago. Para llegar a Arca pasamos por tramos preciosos , llenos de bosques de eucaliptos, robles y prados. Numerosas aldeas, casi todas ellas muy bonitas : Ferreiros, Salceda y Rúa. Una vez en Arca nos instalamos en el polideportivo y nos fuimos a la fiesta, pues actuaba un grupo folk magnífico. Pero el cansancio nos hizo retirarnos pronto.
Bueno, desde allí hasta Monte do Gozo, fue eso,
un gozo, que al llegar se transformó en algo mucho más
significativo. Allí estaba todo el grupo nuestro, todo el de
Murcia, más todos los que llegaban conmigo. Todos juntos hicimos
una bella oración en el monumento allí levantado. Todos.
Los no creyentes también. Recuerdo una frase de Mikel y Txomin
: "¡Oye has visto, todavía me acuerdo de rezar el
Padrenuestro"! ¡Qué alegría me dio ver la emoción
de Vicenta! ¡Qué energía renovada en aquellos y
aquellas que no podía y querían llegar hasta Santiago!
El regreso fue muy rápido, pues nos pasamos casi todo el viaje durmiendo. Así que al llegar a Benaguacil cantamos y nos fuimos cada uno a su casa; pero a los cuatro días estábamos juntos de nuevo en el día de Santiago. Celebramos juntos la eucaristía, cenamos, vimos las fotografías, nos reímos como siempre. Lola e Isabel nos regalaron una concha de peregrino con una dedicatoria a cada uno. Ha nacido un nuevo grupo de amigos, cuyo elemento común es seguir a Jesús. Dios, una vez más, había salido a nuestro encuentro, al de cada uno de nosotros . Por todo ello, me quedo con una frase que aparece en el dossier que se nos entregó: Yo no he hecho el Camino, ha sido el Camino el que ha ido haciendo en mi.
¡ Gracias Señor !
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