| La
Galotxa
Fuentes de información y bibliografía:
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La galotxa siempre ha sido una modalidad de pelota valenciana practicada y admirada en Alboraya. Por desgracia, con el paso de los años, ha perdido el empuje de años pasados. Ahora los aficionados escuchamos con atenta y sana envidia las historias que cuentan quienes vivieron tiempos mejores de este deporte en nuestro pueblo. Desde hace muchos años, eso sí,
se mantiene la tradición de realizar un campeonato en
el "Carrer Molí", un trofeo que se celebra
en fiestas y al que son invitados equipos importantes de otros
pueblos (Massalfassar, Borbotó, Godella, Foios,...) y
de la capital, Valencia. Durante un par de días los aficionados
podemos disfrutar de buenos partidos de galotxa, con el patrocinio
del Ayuntamiento de Alboraya, la organización del Ateneo
Alborayense (a cuyos desinteresados esfuerzos se debe que este
bello deporte pueda seguir siendo admirado en Alboraya) y la
colaboración de diversas empresas. Dos instantáneas tomadas en el XXV Trofeo Galotxa "Carrer Molí", celebrado durante las Fiestas Patronales de Alboraya 2002
La
cuerda de galotxa se situa a la distancia homologada, y el "feridor"
se situa debajo de la cuerda del medio. Para hacer el saque
el jugador suelta la pelota por delante, sin pegarle ha de pasarla
por arriba de la cuerda de galotxa y que caiga dentro de la
zona denominada "dau".
Los jugadores contrarios la pueden devolver de volea o al primer bote, siempre superando la cuerda del medio, y así alternativament hasta que alguno de los dos equipos haga la falta. La jugada que realiza el "feridor" es de precisión y muy complicada, ya que por una parte puede hacer falta y peder el tanto ("quinze") y por otra si hace un buen saque su equipo dominará o incluso puede conseguir el tanto directamente. Las partidas son a 70 puntos (14 juegos), cada juego vale 5 puntos y se divide como la práctica totalidad de las modalidades en 15-30-"val"-"joc", como el tenis.
La galotxa la practican basicamente aficionados, y antiguamente podían verse partidas en todos los pueblos y a toda hora. Los jugadores representaban todos los estamentos de la sociedad de aquel momento, desde el cura del pueblo hasta el alcalde pasando por el labrador. Las calles se llenaban con la emoción del juego, pero la llegada de los coches, las farolas y la modernización, hizo cada vez más impracticables las calles y el juego fue cayendo en el olvido. Pero de un tiempo a esta parte, con la aparición de clubs con una estructura definida, que representan a los pueblos en las confrontaciones y que arrastran cada vez más aficionados, y con la proyección que supone para los niños ver jugar, ganar o perder a los mayores representando con honor a su pueblo, la galotxa vuelve a destacar poco a poco como una de las modalidades que con más intensidad vive la gente, y cada día podemos ver cómo nace algún nuevo club que representará a su pueblo en alguna de las competiciones. Como principales competiciones podemos encontrar el torneo interpueblos y el trofeo de galotxa "El Corte Inglés", donde en los últimos años ha dominado un pueblo situado al norte de Valencia, Massalfassar. Hay una iniciativa promovida por la Federación de Pelota Valenciana y la Junta Central Fallera muy interesante que está recuperando este juego en las calles de la capital. Es una variedad del juego, donde no hay cuerda de galotxa, la "ferida" la realiza el resto de golpe y la pelota ha de superar la cuerda del medio y después se ha de jugar de volea o al primer bote.
Hay calles naturales repartidas a lo largo de toda la geografía, denominadas en agunos pueblos con el nombre "carrer de pilota". En muchos pueblos se jugaba en la calle mayor y en algunos aún se puede encontrar los ganchos donde se colgaba la cuerda de galotxa, marca del pasado glorioso de nuestro deporte. Las calles artificiales imitan muy bien a las de verdad con balcones, puertas, ventanas, etc., en las que no se causan molestias ni inconvenientes al vecindario. Podemos encontrar en muchos pueblos cercanos a la capital: Monserrat, Torrent, Beniparrell, La Eliana, Meliana, Foios, Albuixech, Xirivella, .... Lo que no se entiende es que estos puebles con presupuestos mucho más bajos, construyen calles artificiales para la práctica del juego, y en Valencia no hay todavía ninguno, lo cual coincide con la poca infraestructura deportiva de la capital, ya que a cualquier pueblo de los alrededores podemos encontrar instalaciones deportivas que no tiene ningún barrio de Valencia, lo que sería calidad de vida para todos.
Los guantes
La pelota de trapo La pelota de vaqueta Es verdaderamente una obra de arte. Sus fabricantes son artesanos y se habla de una tradición heredada de padres a hijos, de secretos profesionales celosamente guardados. Los jugadores, ante la operación de fabricar una pelota, y cuando llega la parte más difícil y comprometida que es la del cosido, se encierran para que nadie pueda escudriñar cómo lo hacen. Las pelotas reciben el nombre del pueblo de procedencia: "la de Carcaixent", "la de Casino", "la de Gandia", etc. Hoy en día las más acreditadas son las de Álvarez de Carcaixent. Las pelotas de "vaqueta" son caras, las hay desde 10 € (3.000 ptas.) hasta 72 € (12.000 ptas.), pero forman parte de una tradición milenaria y no se fabrican en ningún otro sitio del mundo (no como las pelotas de otros deportes, fabricadas por las multinacionales en los países tercermundistas, donde cuestan muy poco dinero, y vendidas a un altísimo precio en las tiendas de los países desarrollados). Los uniformes UN
POCO DE HISTORIA
Expandido por los legionarios en las tierras del Imperio se practicó en Francia, Bélgica, Italia y la Península Ibérica a lo largo de la edad media con modalidades que equivalen a nuestras "llargues" y "escala i corda", según el sitio fuera abierto o cerrado. En la Corona de Aragón el juego de pelota fue muy popular, disfrutando de la protección real y siendo regularmente prohibido en diferentes poblaciones, símbolo del poco caso que se hacía de tales prohibiciones. En el Reino de Valencia aparece con los cavalleros de la conquista, su práctica y popularidad se extienden desde el propio rey (el médico Arnau de Vilanova emulando a los galenos clásicos lo recomendaba al rey Jaime II en 1305) la nobleza, la curia, el pueblo y los niños de cada calle. Esta omnipresencia provocó la aparición de un famoso bando el 14 de junio de 1391, cuando el Consejo General de la Ciudad de Valencia prohibió el juego: "car per occasió del joch deius escrit se seguien diverses blasfemies en offensa de nostre senyor Deu e dels sants e diverses inyuries de paraula e fet a les gents anants e stants per los carrers e places de la Ciutat ha novellament establit e vedat que alcuna persona privada o estranya de qualsevol estament condició o ley sia de edat de X anys a ensus no gos ne presumesca jugar dyns los murs de la dita Ciutat a joch de pilota arruladiça sots pena de XX morabatins dor per cascuna vegada que contrafara. E se sera algu que la dita pena pagar no puxa sera mes en presó e correra la Ciutat ab açot sens tota gracia e remey". Esta prohibición fue motivo de graves alborotos en la ciudad; aunque se hizo un buen puñado en Valencia, también hay documentadas prohibiciones en Castellón, Gandía y Alcoy. En la Francia del s. XV se prohibió la práctica para el pueblo bajo, con lo que la nobleza se reserva el deporte y aparecen los aficionados de "testa coronada": Luís X, Carlos VIII, Francisco I y Enrique IV fueron destacados jugadores. Un cartel de 1540 rezaba: "Benvenutto Cellini, escultor, con faja roja, se enfrentará a Francisco I, rey, con faja azul, esta tarde en el trinquete de Fontainebleau". También es cierto que en este momento se introduce la pala, que tendrá un largo futuro asociada a la pelota, canbiando la fisonomía del juego, ya que la dureza de la pelota hacía cortes en las manos de tan delicados deportistas. Más adelante, cuando cambia el orden social con la Revolución, el pueblo rechazará el que identifica como un juego del enemigo. Los reyes y nobles castellanos, pendientes como siempre de las modas de la otra parte de los Pirineos, se aficionan también a jugar a pelota, siendo a lo largo de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII el juego más practicado tanto por nobles como por el pueblo, destacando Felipe I en la modalidad de pala. Calderón de la Barca escribe al respecto la Farsa famosa del juego de pelota i Goya pinta el conocido "Juego de la pelota a pala". Las limitaciones, multas y prohibiciones junto a la aparición de nuevos entretenimientos hacen que el juego de pelota vaya menguando poco a poco hasta desaparecer de Cataluña, Castilla, Aragón y las Baleares a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, la situación en Valencia es muy diferente. Las prohibiciones del juego en la calle no afectan al juego de trinquete, que mantiene su vigor a lo largo de los siglos, es practicado por lo más florido de la nobleza valenciana en el trinquete del Milagro, o trinquete de Cavalleros, propiedad de los Montagut, o bien en sus trinquetes particulares. En el siglo XVI tenemos documentados los de Centelles, Ciurana, Olcina, Mascó, junto con el del pueblo haciendo un total de 13 trinquetes en Valencia ciudad. Luís Vives lo menciona en sus "Diálogos", donde los cavalleros Borja, Centelles y Cavanilles razonan como buenos entendedores sobre las ligeras diferencias que Centelles ha visto en los trinquetes de París. Se llega a conceder el monopolio sobre los beneficios de los trinquetes al hospital de la ciudad el 30 de septiembre de 1633, cosa que será motivo de pleitos en la década de 1740 con las monjas de la Encarnación, que habían construido y explotado una fachada del convento. Este enfrentamiento también tuvo su vertiente deportiva. Aunque en 1741 se repitió por enésima vez la prohibición de jugar en las calles, que, claro, era el sitio popular por excelencia para la práctica de nuestro deporte.
Como ya hemos visto, la pelota fue el juego más practicado en Europa hasta el siglo XVIII (podemos ver la influencia del trinquete hasta en la Revolución Francesa). Sin embargo hay que resaltar que popularidad fue decreciendo y que dejó de practicarse progressivamente. Hoy en dia quedan aún testimonios de la pasada pujanza del juego en diversos países, como Bélgica, Holanda, el norte de Italia, el norte de Francia, donde se continúa jugando a "llargues". Es en la mitad del siglo XIX cuando los ingleses inventan el tenis a partir del juego de pelota e incorporan la raqueta, un instrumento derivado de la pala o la cesta que empleaban los franceses para protegerse las manos. De su origen prácticamente solo nos queda el sistema de puntuación. A mediados del siglo XIX los vascos dejan de jugar cara a cara para hacer rebotar la pelota contra un frontón, abandonan los tradicionales y homologables rebote y juego largo para practicar cesta y pala, con lo cual el valenciano queda como el único pueblo de todo el continente donde perdura la genuína tradición del deporte de la pelota, que pasa a ser conocida como pelota valenciana. Es este el momentio de máximo esplendor de nuestro deporte, que enorgullece a practicantes y aficionados, que se sienten depositarios de una tradición milenaria, los juegos de "llargues" y "raspall". Pero el orgullo de los valencianos está hecho de materia muy débil. Los primeros en abandonar el barco serán los nobles, que ya manifiestan a lo largo de la guerra de Succesión una fuerte tendencia a castellanizarse, que desertan como jugadores y también como espectadores. Eso nos ofrece un fuerte contraste con Euskadi, donde practican y continúan con interés las incidencias de los frontones. El siglo XIX no obstante es el momento de máximo esplendor de la pelota, con figuras como Roquet de Penàguila, Bandera, Melero, Bota, el Nene, el Paler, el Pilotero. Se construyen nuevos trinquetes en Valencia: Santa Teresa en 1843, el nuevo del Real en 1853, el de Pelayo en 1868, y el de Juan de Mena en 1877. Un testimonio fiel de la transcendencia del juego es el reglamento elaborado por Salvador Cerdà, trinquetero de la Encarnación (aquel trinquete que construyen las monjas) en 1857). La euforia por el deporte se extendía por todo el antiguo Reino, Almela y Vives reseña una partida celebrada en Benifaió en diciembre de 1849 que enfrentó una orilla del Júcar con la otra. Los meridionales estaban representados por Roquet, de Penàguila, Cremades, de Bellreguard, y Sagal, de Petrer, contra Miquelet, de Riba-roja, el Paler, de Torrent, y el Caragol, de Benimàmet. Benifaió tenia unos mil habitantes y las crónicas hablan de 4.000 espectadores. Otra partida memorable fue jugada en Ondara el 26 de noviembre de 1880 entre jugadores de la Marina y de la Safor, en la cual apostaron 60.000 reales. Además, tenemos todo el siglo lleno de partidas en las calles y en los trinquetes, por el puro placer de jugar, de hacer deporte, incluso en los Serranos y en la Foia de Bunyol. Los inicios del siglo XX continuan la misma tónica, la práctica del juego en todas partes. Hay abundantes testimonios de los periódicos y folletos satíricos de la época. Josep Bru pinta "El joc de pilota", Ignasi Pinazo esculpe "El saque". La pelota es motivo literario de la época, tanto en poesía como en narración o en teatro. No es estraño en una entrada ver al cura sentado en compañía del médico y otros cargos oficiales, como por ejemplo el alcalde, el maestro, etc., todos esperando la partida que ya tarda en comenzar. Antoni PALANCA HUESO, La par-tida de pilota, Lo Rat Penat. Sis Florades (1900-1905), Valencia, 1908. La innovación de poner cuerda al trinquete,
atribuida al mítico Nel de Murla, es también fruto
de la modernidad del cambio de siglo. Esta modernidad comporta
algunos elementos perjudiciales para nuestro deporte, ya que muchos
trinquetes son derruidos para construir viviendas o, más
a menudo, cines. Y, a partir de aquí, tendremos ya el bajón
al final del cual nos encontramos, de tal manera que la especulación
y el franquismo propician la progresiva marginación del
juego. La deserción de la burguesia, la expulsión
de las calles por la presencia cada vez mayor de los automóviles,
las construcciones de medidas y materiales poco adecuados (edificios
immensos con ventanales de vidrio), hacen que en los años
sesenta desaparezcan las partidas en muchas calles de ciudades
o pueblos grandes y que se refugien en los pueblos más
pequeños, donde el tráfico y la intolerancia no
son tan exigentes. Hasta llegar a la eclosión del fútbol,
que eclipsa casi por completo el juego de pelota. El juego en la actualidad Para finalizar este breve recorrido por la historia de la pelota haremos un repaso a lo más representativo de la trayectoria deportiva del siglo XX. Veremos las principales figuras y los detalles más significativos de los tiempos más recientes. Los inicios del siglo son pletóricos, mucha afición, partidas por todas partes, la ya comentada innovación de la cuerda para complementar la escalera de los trinquetes, etc. La guerra "incivil" impactó en muchas de las actividades que se hacian y, entre ellas, también en la pelota. La gran figura de los años treinta y uno
de los más sólidos jugadores de los años
cuarenta fue Quart, Albert Arnau de Quart de Poblet. Es después
de la guerra cuando aparece un referente con una larga proyección
en nuestro deporte. Juli Palau, Juliet, de Alginet, fue todo un
monstruo, que dominó el juego toda la década de
los cuarenta y buena parte de la de los cincuenta, enfrentandose
con las figuras Quart, Llíria y Rovellet, hasta que se
retiró en el año 68. Aún hoy es un referente
en caballerosidad, educación y buenas maneres, cosa necesaria
para un deporte muy mal visto por los bienpensantes de la época.
Sus desafíos múltiples con Quart y Llíria
llenaron todos los trinquetes. El ocaso de Juliet fue sucedido
por el encumbramiento en los trinquetes de Antoni Reig, Rovellet,
de Valencia, otra perfecta personalización del "pilotari"
ideal, tanto en la parte deportiva como en la humana. A tanto
llegó su figura que aún hoy participa activamente
en la promoción de nuestro deporte. Diez años más
joven es el siguiente gran campeón, Josep Sanvenancio,
Eusebio, de Riola, que marcó la década de los sesenta
con sus duelos con Rovellet. El estilo y la elegancia de Eusebio
han perdurado mucho tiempo, así como su larga carrera,
ya que se retiró en una forma física admirable con
cuarenta y seis años. Alfredo Hernando, Fredi, de Valencia, ha sido uno de los mejores atletas de todos los tiempos y, si no hubiera coincidido con un fuera de serie como Genovés, habría sido un as, comu demostró al proclamarse campeón individual de "escala i corda" el año 87, y el año siguiente perdió la final contra Genovés. Enric Sarasol, de Genovés, ha tenido la gran fortuna de estar en un momento de forma magnífico cuando la edad comenzaba a menguar considerablemente las fuerzas de Genovés, eso le ha convertido en el actual campeón indiscutible, con seis títulos individuales. Todo el tiempo pasado desde los años treinta aún ha canviado mucho las circunstancias del juego, las normas y variantes del juego se mantienen exactamente igual, pero han aparecido calles artificiales para jugar a pelota sin problemas y son ya muchos los pueblos que han creado escuelas de pelota. La Federación de Pelota Valenciana se desliga de la estatal (que recoge las variantes vascas) en el año 85, organizando a partir de este momente las competiciones, regulando y homologando normas y medidas, etc. Poco a poco, el deporte ha ido reviviendo, ganando incluso la atención de la televisión, instituciones públicas y privadas que financian competiciones de alto nivel, tanto para profesionales como para aficionados, se hacen competiciones internacionales y la galeria de figuras que hemos apuntado ha ganado muchos aficionados para la pelota valenciana. Cabe mirar también hacia los pueblos, que tantos años han estado preservando la tradición y que hoy continúan proveyendo de profesionales a los circuitos y torneos de arriba a abajo de la Comunidad Valenciana. La gran esperanza está ahoa en los colegios, donde está previsto hacer de la pelota asignatura obligatoria para que todo el mundo conozca este deporte como parte fundamental de la cultura valenciana. A pesar de todos los esfuerzos realizados, todavía se necesita un espaldarazo definitivo para que nuestro deporte llegue donde ha de estar. Sin hacer afición, está condenado a un papel secundario, a ser siempre el pariente pobre de deportes inmensamente más ricos. La falta de implicación es retratada por Llorenç Millo en el año 82 en un medio que nos resulta muy familiar: "La burguesía castellanizada de nuestra Comunidad no ha hecho nunca nada por nuestra pelota: mucho menos aún las "autoridades deportivas" de todo tipo, y ni tan solo los universitarios, los mismos que han acogido con entusiasmo los deportes de otros paises, sobre todo si los léxicos son ingleses; los estudiantes, al fin y al cabo dignos hijos de sus padres, menosprecian la pelota de vaqueta por considerarla propia de gente baja y no para intelectuales". Galotxa
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